18 Dic

El túnel Bermelho

La civilización llegó a Valle de la forma más discreta posible: a lomos de un burrito, con un pañuelo en la cabeza y el mentón colgando sobre el pecho, inerme, sin que sus ojos se abrieran con los baches en los que el animal, como si le molestara la indiferencia de la pasajera ante su trabajo, se empeñaba en meterse una y otra vez.
El bocado del burro iba unido a la silla de montar de un hombre corpulento y algo encorvado, que de vez en cuando miraba hacia atrás para cerciorarse de que la corta comitiva iba al completo. Conforme la torre de la iglesia se fue haciendo más grande, y el descenso desde la sierra menos empinado, las miradas del jinete aumentaron en frecuencia, hasta que se detuvo y habló con suavidad a la mujer dormida.

¿Es la civilización una señora dormida a lomos de un burrito? Antonio Castaño opina que sí, y ha escrito El túnel Bermelho para demostrarlo.

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