17 Dic

El enjambre

Debe de existir un límite al desbarajuste que un vehículo puede soportar, sobre todo si pretende funcionar —por supuesto, no se le exige el mismo rendimiento y concentración al medio de transporte que se da por perdido y al que se relega a lo oxidado de un desguace. Debe de existir, sí, y sin duda alguna este automóvil al que nos remitimos desafía ese límite con descaro, desde su carrocería frita hasta lo más recóndito de sus concavidades. La composición de asientos roídos, remiendos con cinta adhesiva que a duras penas contienen la espuma del relleno, la enorme cuchara metálica travestida en freno de mano y los tubos desmembrados repartidos al azar en su interior, consigue sostenerse sobre cuatro heroicas ruedas. Su puesta en marcha, y la respuesta casi aceptable de motor y entresijos cinéticos, son todo un fenómeno que bien merece el viaje hasta Zamyn-Uud para ser presenciado.

Sabemos que necesitas saber qué pasa con los coches de Zamyn-Uud. Edén Barrena dedica todo El enjambre a ello.

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