¡Chúpate esa, Spielberg!
24 Feb 2009 | por admin |Nota: rescatamos este artículo, publicado por Quettaheru en una de las primeras encarnaciones de esta nuestra web. El que diga que no viene a cuento, no sabe de lo que habla. Los dinosaurios SIEMPRE vienen a cuento.
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A veces, uno se alegra de vivir en Badajoz. Por ejemplo, cuando se tiene la ocasión de constatar que los fastos que aquí se consideran adecuados para celebrar la Navidad no tienen parangón en Iberia ni, probablemente, en todo Occidente. Porque, ¿en qué otro lugar se contrata a auténticos dinosaurios para alegrar los días de los niños? ¿Me lo pueden decir? No tienen respuesta, por supuesto.
Pero seré más explícito. Les explicaré a qué viene esto. El sábado, informado por los cauces pertinentes de la existencia de un “Gran Desfile de Dinosaurios” en la plaza de San Francisco de mi ciudad, me pertreché con la cámara y la libretita de rigor y me lancé en busca de la exclusiva. Tras dejar mi vehículo en un lugar seguro, me dirigí aterido, aunque a paso firme, hacia el escenario del apoteósico festejo.
Aviso: acción trepidante en las siguientes líneas, combinados con escenas que pueden resultar desagradables para los espíritus sensibles.
Ya antes de llegar a mi destino alcanzó mis oídos una melodía -por llamarla de algún modo- que resultaba francamente hiriente. Aplicando los conocimientos musicales obtenidos durante mi educación primaria descubrí que eran dos las cancioncillas que surcaban el aire, aunque se fundían antes de llegar a tocarme, dando lugar a algo que solo puede ser descrito como el ruido que haría Cthulhu si pudiese cantar. Sin arredrarme por ello, alcancé la plaza, y apareció ante mí el primero de los gigantes prehistóricos. Para variar, sí tengo palabras para describir lo que vi: un bicho hinchable de más de cinco metros de alto, movido por un nada sutil motor, cuyo ruido quedaba ahogado por una de las “melodías” anteriormente mencionada. Por si alguien quiere conjurar en su mente la sensación que producía la conjunción de todo el ruido ambiental, que sepa que la otra era un villancico cantado por estos simpáticos muñecos.

El nunca visto enfrentamiento entre el Rey de los Dinosaurios y un elefante peludo
Conforme iba dando la vuelta a la plaza, me fui dando cuenta de que el diplodocus no era la más terrible de las bestias allí reunidas. El siguiente en aparecer fue un tiranosaurio capaz de girar sobre sí mismo 360º a gran velocidad, pero con una paciencia infinita, pues aguantaba a los niños mejor que muchos adultos. También había un encantador triceratops, algo que quería ser un estegosaurio y, cerrando el apartado de dinosaurios, un espléndido mamut. Pero no todo van a ser animales, por supuesto. Acompañando a sus coetáneos compañeros, podíamos encontrar auténticos cavernícolas de diverso pelaje. Sin comentarios. Solo quiero dedicar un emocionado recuerdo a la joven y agraciada prehistórica que sufrió el brutal ataque de un grupo de niños supuestamente civilizados. No puede uno ya ni hacer el payaso cobrando en paz.
Y, para finalizar con esta crónica, mencionaré algo francamente original: el Paco Montes de Oca de los guiñoles, la primera vez que veo a un guiñol dando el parte metereológico. Interesante cuanto menos.
P.D.: Más fotos en este set de Flickr.